Leer antes de usar.

A todos aquellos que entran por primera vez debo decirles que, aunque la mayoría de las "aventuras" de Jubilated Man se pueden leer por separado debido a que son historias cortas, es recomendable comenzar desde el "día 1" e ir siguiendo el orden, pues es posible que en alguna historia se haga mención a hechos o personajes que podrían haber aparecido en "días" anteriores. También quiero aprovechar para advertir, que el lenguaje usado por nuestro personaje, podría no ser apto para sensibles y/o menores de edad. Sin más, les dejo con Jubilated Man. Disfruten cada domingo de una nueva página del diario.

domingo, 21 de junio de 2015

Día trece.

Esta mañana algo en la rutina del asilo ha cambiado, y es que Rebeca no ha venido a avisarme de que había magdalenas. Hoy ha sido su ochenta y siete cumpleaños y como ya viene siendo costumbre en ella, por un día ha amueblado su cabeza.

Como cada año, su mente se recompone y se prepara para este día especial; el único día del año en que está totalmente lúcida. Por un día, aparte de olvidarse de su obsesión por las magdalenas, deja de lado sus locos bailes de salón en ropa interior en los que abraza a un bailarín imaginario. Su mirada, siempre perdida en el espacio infinito, era hoy clara y penetrante, decidida.

Hoy ha guardado en el armario su bata llena de agujeros y se ha arreglado con un bonito vestido que mañana volverá a guardar hasta el año que viene. También se ha recogido el pelo e incluso se ha atrevido con un ligero maquillaje.

Todos la miraban hoy con ojos distintos, con la alegría que ella misma les contagiaba, y es que durante un día al año, Rebeca es la personificación de la alegría. Viéndola hoy, cualquiera pensaría que es una anciana llena de vida y energía.

Durante las primeras horas de la mañana ha ido arriba y abajo hablando con unos y otros, y tarareando canciones de cuna mientras caminaba y siempre, con una sonrisa grabada en la cara. Más tarde, después de comer, ha vuelto a arreglarse el pelo y a retocarse el maquillaje, se ha puesto unas gotas de perfume y se ha sentado en una silla mirando a través de la ventana.

Poco después ha llegado el motivo de su reajuste mental; su hija ha venido a verla acompañada de sus dos nietas y durante el resto de la tarde, Rebeca ha estado jugando y charlando con ellas.

Al anochecer han vuelto a casa, dejando a Rebeca sola de nuevo, momento en que su mirada se ha llenado con el brillo de las lágrimas contenidas. Poco a poco, conforme la luz en la calle se iba extinguiendo, Rebeca iba perdiendo el brillo en sus ojos y reduciendo su sonrisa.

Más tarde subió a su habitación, se quitó el vestido, se desmaquilló y guardó el perfume en un cajón, y junto a él, la alegría del día de su cumpleaños quedó guardada de nuevo en la cómoda de su habitación, como si fuera un accesorio decorativo más.


Sé que mañana volverá a entrar en mi habitación para avisarme de que hay magdalenas para desayunar y no puedo dejar de preguntarme por qué. Por qué el ritmo de vida de unos apartan de otros la medicina que tanto bien les hace. Por qué las visitas, los abrazos y la compañía se sirve como si viniera en sobres mono dosis. Entonces siento asco y me pregunto de nuevo si vale la pena salvar el mundo, o si por el contrario es mejor dejar que estalle todo de golpe. En momentos como éste, entiendo a muchos de los supervillanos a los que he detenido a lo largo de mi vida.

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