Leer antes de usar.

A todos aquellos que entran por primera vez debo decirles que, aunque la mayoría de las "aventuras" de Jubilated Man se pueden leer por separado debido a que son historias cortas, es recomendable comenzar desde el "día 1" e ir siguiendo el orden, pues es posible que en alguna historia se haga mención a hechos o personajes que podrían haber aparecido en "días" anteriores. También quiero aprovechar para advertir, que el lenguaje usado por nuestro personaje, podría no ser apto para sensibles y/o menores de edad. Sin más, les dejo con Jubilated Man. Disfruten cada domingo de una nueva página del diario.

domingo, 19 de julio de 2015

Día diecisiete.

Esta noche no hay pastillas que me ayuden a dormir. Cada vez que cierro los ojos, un sonido intermitente invade mi mente. Es un crujido, el de un cuello rompiéndose y que suena una y otra vez, y otra, y otra...

Cuando ya no soporto el dar otra vuelta más en la cama me levanto y voy a sentarme frente al ventanal del salón. Afuera, el sol comienza a despuntar trayendo un nuevo día.

De alguna forma extraña en el asilo todo es silencio, no se oye ni el volar de un mosquito, y todo este silencio no hace más que empeorar la sensación que noto dentro de mí. Es como un vacío, como un agujero que engulle lo que llevo dentro, destrozando mi alma. Es la culpabilidad, y tal vez arrepentimiento; pero sé que no hay vuelta atrás. Tal vez mis últimas decisiones no hayan sido las más adecuadas o las más correctas para vivir feliz y sin culpa, pero han sido las decisiones que alguien tenía que tomar. ¿O no?

No puedo dejar de darle vueltas a ello. Todos podemos ayudar, todos podemos salvar e incluso retener a alguien culpable de algo para que sea juzgado. Desde ese punto de vista, cualquiera puede ser un héroe. Pero ¿quién nos da la libertad de segar una vida? ¿Quién nos permite ser el verdugo?

El engranaje en mi cabeza sigue dando vueltas a lo mismo cuando de pronto, la luz del salón se enciende. Es Myriam que ya comienza la rutina del día. Sorprendida, se me acerca y me pregunta qué hago ahí sentado tan temprano. Miento diciéndole que he dormido demasiado y que necesitaba estirar las piernas un momento. Ella me sonríe y me dice que debe ir a despertar a los más perezosos porque "alguien tiene que hacerlo", y se marcha.

Alguien tiene que hacerlo. Siempre hay alguien que tiene que hacer lo que a los demás no nos gusta. Siempre hay alguien que tiene que hacer cosas que a todos molestan. Desde el que tiene que sacar la basura, hasta el que tiene que poner una inyección letal. Y todo se resume en una sola frase, tanto las cosas más tontas e insignificantes, como las más horribles: "alguien tiene que hacerlo".

¿Será así? Lo hice porque alguien tenía que hacerlo. Acabé con la vida de un ser vivo porque alguien tenía que hacerlo. Alguien tenía que hacerlo.

Todas estas dudas, toda esa cantinela repitiéndose una y otra vez en mi cabeza me llevan a un mismo punto. Alguien tiene que ser el malo. ¿Me ha tocado a mí ser ése tipo de malo? ¿O he sido yo mismo quien lo ha elegido?

Ray llega entonces con su silla y se coloca a mi lado. Me mira y me dice más con sólo una mirada de lo que podría haberme dicho con palabras. Sabe lo que está pasando en mi cabeza, me comprende, me apoya. Y simplemente se queda ahí sentado, a mi lado, viendo cómo termina de amanecer.


Pero ¿es eso lo que quiere transmitirme Ray, o es lo que yo quiero entender?

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